Ayer, comiendo en un restaurante, asistimos a una escena cuanto menos curiosa.
Un grupo grande se disponía a pedir en una mesa muy cercana a la nuestra. Estaba formado por varios hombres de unos cincuenta o más años y otros tantos chicos más jóvenes, adolescentes probablemente, de unas catorce o quince primaveras a lo sumo. Por trozos de conversación que se escuchaban a veces podía deducirse que eran familia. Cuando ya parecía que tenían claro lo que iban a pedir acudió la camarera a tomarles nota y, entre risotadas infantiles de pequeños y grandes, uno de los señores adultos le dijo a la chica: "Perdona, es que no nos decidimos entre pedir tal o cual plato... o pedirte a ti". La chavala sonrió incómoda y aguantó la sorna de toda la mesa que parecía muy divertida con la "gracia" del señor mayor. Siguieron más risotadas tontas y comentarios fuera de lugar cuando la camarera se retiró con la comanda.
Y yo me pregunto...¿Por qué tiene que aguantar esa mujer, que está un día como otro cualquiera en su puesto de trabajo, tamañas gilipolleces y continuar como si nada, manteniendo la sonrisa, cuando le han faltado al respeto y la han tratado como un trozo de carne del menú?.
Si has leído hasta aquí y estás pensando dejar un "me gusta" o un comentario, antes quiero que sepas que la mesa estaba compuesta por algunas señoras de cincuenta para arriba y un puñado de chicas adolescentes, y que la camarera en realidad era un camarero.
Ahí dejo mi reflexión.
RAV