Madrid, 1 de febrero de 2022
¡Hola, tronk!
Está saliendo el sol mientras te escribo y, aunque no es la primera vez en la última semana -llevamos ya unos días luminosos después de otra rachita de feos nublados-, siempre me hace ilusión ver cómo se mantienen las nubes a raya el día de tu cumpleaños. Supongo que algún año lloverá pero, parafraseando a nuestro buen Aragorn, hoy no es ese día.
Sé que prometí escribirte más, pero no te creas que es fácil. ¿Te llegan mis pensamientos? No molan tanto como una carta, lo sé, pero es mucho más fácil pensar en ti que sentarse a poner en palabras la puñetera realidad. Tú me entiendes mejor que muchos, la mermelada nunca fue con nosotras aunque por dentro estemos hechas de gominola con purpurina (¿a quién vamos a engañar, Princesa Croqueta?), pero hay que hacer un pequeño esfuerzo y seguir con la performance para que no decaiga mucho la moral. Qué jodido es esto de no poderte preguntar cómo estás.
¿Qué te cuento, amiga? ¿Cómo te resumo el último año? Da para mucho o para poco, según la perspectiva. Seguimos inmersos en la estupidez y la locura, el bicho ayuda mucho a eso, pero la gente ayuda más. Yo creo que las siete plagas de Egipto se han quedado como aguardiente dulce a la vera de las quince olas del corona (perdona mi falta de concreción, es que he perdido la cuenta ya). Al menos tenemos vacunas, ¡vacunas! Tú, como yo, llevarías ya tres dosis por ser sanitaria, y serías Súper-Jenny, tendrías anticuerpos para disparar en bláster a caño y pasearías por la calle mirando con ascopena a los cromañones terraplanistas, antivacunas y grupis de Miguel Bosé (que por lo visto ahora nos quieren controlar con microchips que nos inyectan con las vacunas, flipa, ¿no te has enterado? Yo creo que con las tres que llevo ya, si me concentro un poco pillo wifi gratis en mitad del monte).
La imaginación de la gente sigue siendo poderosa, pero no te preocupes, no llega al nivelazo del tirón de series que seguimos teniendo para consolar un poco el espíritu. Me he negado a ver El juego del calamar, porque tenía muchos frentes abiertos y he visto tantos memes spoileantes que ya me aburre; no sé si a ti te habría gustado, pero desde luego te habrías reído con la muñeca pepona gigante que dispara a traición como una Dora la exploradora creepy y encocada tamaño atracción dantesca de feria. Ahora estamos viendo El libro de Bobba Fett y ésta sí que te molaría. ¡Cómo se lo curran los de Disney+! ¿Te acuerdas de cuando queríamos ser paleoveterinarias? Pues dale una pensada a lo de veterinarias galácticas (seguro que a ti se te ocurre un nombre mejor), que todavía no he visto a ningún profesional haciéndose cargo del mantenimiento de los banthas ni de los rancors... ¡Qué falta de previsión!
Bueno, del tema del apotema es que no te puedo contar nada que no supieras ya... Un año no ha hecho ninguna diferencia en mi futuro ni en mis arcas. Sigo esperando que me toque la lotería, aunque la realidad es que sólo tiento a la suerte el 22 de diciembre (debería estirarme más ¿no?). Encontré un curro cerca de casa a media jornada pocos meses después de escribirte, y allí estuve varada hasta final del año pasado; al principio con la esperanza de encontrar un pequeño rincón donde quedarme y hacerme fuerte para conseguir esa estabilidad tan anhelada, poco después -como siempre, como se veía venir, como no podía ser de otra forma- por mantener un mínimo y mísero ingreso pero deseando escapar de esa cueva infecta de maltrato psicológico y horas extras jamás remuneradas. Otro fiasco del que por supuesto me fui sin paro. El paro es para la gente que sabe hacer las cosas bien, no como yo.
Para fiasco bueno el del curso de redacción digital que te conté, ¿te acuerdas? Casi tres mil euros que costaba el curso online de tres meses en el que supuestamente te preparaban para desempeñar esta profesión. Tres mil pavacos a tocateja sin un título oficial ni prácticas ni nada, sólo una flipada vendiéndote por un vídeo de YouTube las ventajas de trabajar escribiendo por cifras desorbitadas para empresas megapijas desde tu casa de Las Bahamas que habrías conseguido, por supuesto, con tus súper ingresos derivados de esta oportunidad única que te brindaba con su súper curso. Igual me he liado con los "súper" y los "mega", pero es que era todo súper-mega-chachiquetecagas-¿vale?
Perdona por contarte cosas tan deprimentes, aunque tú y yo somos del equipo de reírnos oscuramente de todo, así que mantengamos el reír por no llorar por bandera y pensemos en gatos. Método infalible para cualquier situación en la vida. ¿Estás triste? Piensa en gatos. ¿Estás feliz? Piensa en gatos. Los gatos son la solución a todo, no sé por qué al mundo le cuesta tanto llegar a esa conclusión. En esto también te he fallado, tía. Todavía no he adoptado un gato. Aunque Vero dice que un gato sólo necesita cajas para ser feliz, y razón no le falta (será que no tengo yo cajas, toda mi vida son cajas llenas de trastos), pero pobre gato, necesito sitio para poner sus cajas de gato y mis cajas de trastos... De momento me tengo que conformar con La Gatoteca, que volvió a abrir hace unos meses. ¡No todo son malas noticias! ¿Ves?
¡Ah! ¡Y se nos casa Potter! Qué vídeo más bonito de pedida nos enseñó, una performance que montó para declararse a Javi... desde luego se lo curró tela, como para decirle que no. ¡Y Anne se mudó a Dinamarca! Me dio mucha pena no poder despedirme de ella, al final con la pandemia y lo que ya llevábamos acumulado contamos años sin vernos, pero me consuela pensar que nos seguiremos escribiendo y que para la boda vendrá a España. Fui en septiembre a una exposición chulísima de van Gogh y me acordé mucho de vosotras, habría sigo genial poder cumplir ese plan que unos meses antes del apocalipsis propuso Anne para las tres. ¡Y me llegó un crisma precioso de Inés! Qué mano tiene con el dibujo, si no me dice que es hecho a mano me creo que el muñeco de nieve venía ya pintado. En las próximas fiestas tengo que sacar hueco para currarme más las postales navideñas, que este año pasado no me ha dado tiempo de nada.
Me hizo mucha ilusión encontrarme con tus crismas y me dio una pena tremenda, y otra vez ilusión, y pena, así todo el rato. Un bucle chungo de esos que tú sabes. Pero recordarte, aunque duela, también es bonito, así que al final siempre sonrío. Me gusta pensar que te has ido de viaje y que algún día, no sé cuándo, volverás. No te voy a hacer promesas para el año que viene, porque ya ves que soy un desastre, pero siempre que pueda habrá una carta azul en tu buzón un día como éste. Feliz, feliz no cumpleaños, ¿a tú, a yo?
Un abrazo, Peliblue.
Hasta siempre, amiga.
Raquel
P.D.: Si ves por ahí arriba a mi Sodoma dale un buen abrazo de mi parte. No la cojas en brazos, que se siente rara, porque ella siempre ha sido mucho de ir a ras del suelo, pero ráscale un poquito las orejas, que le gusta mucho que la soben.
P.D.D.: El 2 de septiembre se estrena la serie que estaba haciendo Amazon sobre El señor de los anillos. Ya te contaré, pero si nos ves por un agujerito no te la pierdas. A ver qué han hecho con esa obra sagrada... ¡Cruzaremos los dedos!