Esta anécdota se la
contaba Cachito a mi madre cada vez que encartaba, porque siempre andaba el
hombre alegre y achispado como si todos los días fueran Viernes Santo, y cuando
te cogía por banda te repetía sus batallitas como buen veterano de los
fermentados que era. Vivía enfrente de la Ularia,
en la calle de San Antonio, y solía ayudar a Don Francisco, el cura, en las
cosas que hacen los curas, supongo. Debía de andarle cerca a menudo porque fue
el recadero que envió éste a meterle prisa a mi madre el día que se casaba –que
una se puede hacer de rogar por protocolo pero con un límite, y a lo mejor la
criatura tenía un bautizo o un entierro luego y tenía bulla, a saber–, pero ése
no es el asunto, que me voy por los cerros. Niña,
una vez tu abuelo fue a comprar unas cabras y cucha lo que le pasó… –así empezaba
siempre la historia.
El abuelo Torito nació cien años antes que yo, allá
por 1887. Se llamaba Antonio, Antonio Toro, y su apellido daba y sigue dando
hasta nuestros días enseña y reseña a una familia entera: la rama de los Toritos. Hombre de su época, para lo
bueno y para lo malo, empinaba el codo que daba gusto –cualidad ésta de intenso
carácter hereditario sin distinción de género– y, cuenta la leyenda, que este
rasgo definitorio le hacía llevarse bien con todo el mundo, con rojos y con
azules, que a principios del siglo pasado no era cuestión baladí. Dotado así de
tan altas aptitudes sociales, no era de extrañar que le pasaran cosas como las
que le pasaban. Dicen que arregló con un montarbeño
la compra o la venta de un burro –no sé cuál de los dos era el dueño original del
rucho–, y cuando se juntaban en el bar para cerrar la transacción se ponían tan
hasta arriba de medios de vino que se les iba el santo al cielo y se despedían
sin haberse pagado el animal (mientras se fuera cada uno para su casa contento,
ni tan mal). También dicen que gustaba mucho de piropear a las mozuelas, menos
una vez que –por lo que sea– se le antojó decirle a una ¡Fea!, a lo que la chavala respondió no sin cierto criterio ¡Borracho!, y el desempate lo cerró el
primero sentenciando con un ¡Sí, pero lo
mío mañana se me ha pasao!
El caso es que, aparte de
llevar para adelante una carnicería, mi bisabuelo era tratante de ganado, y en
una ocasión se encontraba en no sé dónde, intentando comprarle a no sé quién
unas cabras (los datos concretos están sobrevalorados). En este tipo de
negocios, como en casi todos, el regateo era todo un justo y necesario arte que
podía llevar un determinado tiempo, y hay que decir aquí que el abuelo Torito, además
de buen beber, también tenía vivo genio, poca paciencia y presto blasfemar. En
ese tira y afloja de perrillas gordas y chicas andaban pues –y llevaban ya un buen rato– cuando Torito,
viendo que no se llegaba a ningún acuerdo, empezó a resoplar y bramó un sonoro ¡Me cago en Dios! que tuvo que resonar en
la cabeza del cabrero como el badajo de una campana. A lo que parece este buen
hombre, de fervientes creencias cristianas, católicas y apostólicas, santiguose
y todo del respingo que dio al escuchar tamaña falta al altísimo, y le dijo al
otro, con toda su firme convicción: Torito,
ya me puedes ofrecer todo el oro del mundo que no te llevas ni una cabra.
Y ¿qué iba a hacer? Pues
sin cabras se quedó el hombre, muy a gusto, pero sin cabras. O eso era lo que
contaba Cachito.
Notas varias:
- Se dice que una cosa encarta cuando se da la circunstancia o el momento oportuno. Ya iré a verte cuando encarte.
- El Viernes Santo es tradicionalmente un día muy espirituoso (que no tanto espiritual, aunque también) en mi pueblo, y se bebe más que se mea, literalmente, de ahí la alegría y el achispamiento a los que hago alusión.
- Coger por banda creo que no precisa aclaración pero, por si acaso, expresa la acción de pillar, enganchar o parar a alguien para hablarle, reñirle o contarle cualquier cosa que normalmente entretiene más de la cuenta.
- Ularia es la deformación cómoda y ancestral de Eulalia.
- Cucha es el acortamiento de “escucha”. Si bien hay que decir que en andaluz genérico y en frecuente cordobés cuando se dice cucha de escucha se te insta a que mires, a que atiendas con los ojos, mientras que cuando se dice mira, normalmente se te pide que abras bien las orejas. Cucha ése, qué pintas lleva. Mira, una cosa te voy a decir.
- Montarbeño es montalbeño en cordobés de la campiña. Espalda/esparda; golpe/gorpe; y así con casi todas las que se te ocurran. Montalbeño es el gentilicio de Montalbán de Córdoba.
- Rucho es una de las muchas maneras de llamar a un asno.
- Las perras gordas y las perras chicas eran las monedas de 10 y de 5 céntimos de peseta que circularon en España de 1870 a 1953.
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