domingo, 1 de marzo de 2015

LA DIALÉCTICA DEL JOVEN PADAWAN






Nunca me han llamado la atención los niños, no se me dan muy bien que digamos, me nace más instinto maternal con una camada de hurones hambrientos que con un bebé recién nacido. Las cosas de la vida.


Pero esta mañana, dando un paseo por el campo con la familia, me he entretenido charlando con Juanito, uno de mis primos pequeños, de ocho añitos, y me ha dejado pensando. Quizás no esté todo perdido, a lo mejor queda alguna esperanza para este mundo. ”¡Esos locos bajitos!”.


Es un renacuajo con carilla de duende travieso, de semblante tranquilo pero avispado y sagaz. Pregunta algunas cosas, y sabe muchas más, eso sí, nunca revela sus fuentes el muy truhán. Te gana por su sinceridad y sus ganas de aprender cosas. Durante el camino le he explicado lo que era “pegarse un topetazo” y “coger una liebre”, y hemos identificado a un ratonero bodeguero andaluz, un bretón español, un asno andaluz y uno zamorano-leonés (aprovechando que íbamos por el campo he barrido para mi terreno, por si algún día le llama la vocación, que nunca se sabe). Él no se sorprende por nada de lo que le dices, pero absorbe con todo detalle la información que le das. Es una esponja increíble.


La que no ha parado de sorprenderse he sido yo. Normalmente se me caen todos los palos del sombrajo cuando lo escucho hablar (se expresa de una manera muy correcta e impropia de los niños de su edad, con una pronunciación y unas palabras que dejan anonadado a cualquier adulto, y todo ello con una seguridad pasmosa), pero hoy, además, he alucinado con el tema de la conversación: la guerra de las galaxias.


Cuando piensas en el salto generacional de veinte años que hay de por medio te das cuenta de que la cosa tiene su miga. Y más o menos fue ésta:

-  ¿Pero cómo vas a conocer tú “La guerra de las galaxias”, Juan?. Si eso es más viejo que yo. -   La guerra de las galaxias, también conocida como Star wars- dice  sin inmutarse. 
-   Eh…sí, claro- intento que no se note que estoy alucinando en colores. 
-   Sale uno que es muy malo y dice “yo…soy…tu padre”- y para resultar más veraz pone voz de señor oscuro.
-   Ese es Darth Vader.
-   Sí, eso, Darth Vader. Y su hijo es Luke. Y también hay uno que es el que más sabe de todos y es de color verde, Yoda. 
-  Ajam…-yo sigo alucinando-. ¿Y sabes cómo se llama el “cuartel general” de Darth Vader? 
-  La estrella de la muerte- me dice, y se queda tan pancho.
- ¿Y si no has visto las películas, cómo sabes todas esas cosas, Juanito? 
-  Porque he visto la película de Lego.


¡Así que era eso! Como diría el gran detective Ford Farlaine: “te cagas, Moragas” (qué capacidad para absorber y retener información). Todavía seguimos un buen rato más hablando y debatiendo sobre el tema, y hasta tuvimos, a petición del joven padawan, una simulación de pelea con espadas láser imaginarias, que disfruté y perdí con toda la elegancia que pude. Me hizo tanta ilusión que le prometí que le regalaría las películas para que se terminara de documentar y hablara con más propiedad todavía, si es que eso es posible.


A la disertación friki siguieron otras conversaciones no menos interesantes, hablamos de animales, de música clásica, de lo cotidiano y del bien y el mal (el hilo de Darth Vader da para mucho). A ratos parecía murmurar cosas para sí mismo y moverse al son de una melodía que sólo él podía escuchar, así que no pude reprimir mi curiosidad y le pregunté qué cantaba o bailaba. Me respondió que cosas que él tiene en su cabeza. De repente , a mí que a friki no me gana nadie, se me ocurrió algo y le dije:

-   ¿Tú sabes quién es Sherlock Holmes?-   Claro, un detective.
-   No sé de qué me sorprendo. ¿Y cómo lo conoces?
-   He visto capítulos sueltos.
-  ¿De película o de dibujos animados?
-   De dibujos…
-   Ah…vale. Pues ¿sabes que Sherlock Holmes hace mucho esas cosas que haces tú de hablar contigo mismo? Lo llama su “palacio mental”, y allí se va a pensar en sus cosas y analizarlo todo.
-  Ajam- dice como distraído-. Pues en mi cabeza hay muchas cosas. Yo a veces pienso…y pienso cosas. Aquí – y se toca la cabeza con un dedo-, aquí dentro hay muchas cosas.




¡Vaya si hay cosas! ¡Ya lo creo que sí! Y espero que reciban los estímulos suficientes y adecuados para poder desarrollarse en algo maravilloso muy pronto. Después de la entretenida mañana divagando con el pequeño saltamontes, me quedé yo también en mi propio palacio mental. Qué buen rato y qué charlas más interesantes. Deberíamos dedicar más tiempo a disfrutar de estos imberbes insaciables que no se cansan de jugar ni de absorber conocimientos, ahora que son diamantes en bruto y que en su inocencia pueden ver el mundo con los mejores ojos, y con un poco de suerte,  dejarnos contagiar por esa alegría y por la sencillez de las pequeñas cosas,  que son las que dan la felicidad y las que en nuestras adultas vidas acostumbramos a olvidar.


Es más, deberían recetarlo los médicos: “una charla y media o cuarto y mitad de interacción filosófica con un niño tres veces en semana”. Tratamiento de por vida para enriquecimiento mutuo. Éxito garantizado. Alarga la vida. Testado emocional e intelectualmente.





Raquel Alcaide

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