cuando no
dices nada.
Pareces tan
entero,
tan seguro y
embustero,
apenas
desvías la mirada.
Llegas y te
viertes,
sonrisa,
trabajo y modales.
Eres todo lo
que se espera de ti
sin dejar
indiferente a nadie.
A veces
rompes a reír
como si te
fuera la vida en ello,
como si te
fueras a partir el pecho.
Otras te
quedas ahí,
como tierra
en barbecho,
rumiando
para tus adentros.
Y me
pregunto yo
qué hilos te
moverán las manos
y qué
engranajes el corazón,
cuando
tienes un día de esos
en los que
tanto te odio
para
quererte luego con más razón.
¿Saber lo
que llevas dentro?
Capaz no
sería
de tanto
atrevimiento.
Con un guiñe
cómplice,
con ser tu
amiga
me
conformaría.
Tantos
demonios arrastramos
que nos
faltan copas de vino,
y a mí
alguna de whisky,
para decirte
mientras la miro
que, no sé
si lo sabes,
pero puedes
contar conmigo.
Raquel Alcaide
No hay comentarios:
Publicar un comentario