- La herida no es profunda, sobreviviré, pero duele -pienso, mientras me esfuerzo por recobrar el sentido y reconstruir los hechos.
Punzadas agudas y traicioneras me crispan los nervios, martillea la sien al respirar complicando cualquier movimiento, y la pesadez de los párpados me sume en un sopor insufrible. Tengo la boca seca, y cada suspiro exhala una queja de mi maltrecho cuerpo. Intento librar esta batalla con honor, me pregunto si estaré a la altura.
Alguien ha puesto la radio y suena Quique González. Va a ser un día duro, maldita resaca.
RAV
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