sábado, 21 de noviembre de 2015

Volver a ti


Escribir siempre me ha salvado. 
Escribir es mi constante. 
En los agujeros negros, 
en los años malos, 
durante la barbarie 
de los inviernos largos. 

Las letras, simplemente, estaban ahí. 

La tinta casi corría
sola, 
sin esfuerzo, impetuosa, 
movida por lo más devastador 
que hasta entonces conocía. 
El desamor.

Me río ahora yo, 

y sin darme cuenta 
melancolía, 
de otro tiempo más sencillo, 
de emociones caras 
por personas baratas provocadas, 
de la vuelta al punto de partida, 
a la pluma desgastada 
de las frases olvidadas, 
al recuerdo que me salva, 
a la locura del poeta, 
a las palabras sagradas.

Tengo miedo de perderme 

y no saber por qué estoy aquí. 
Pánico atroz de borrarme 
en esencia, 
y no volver a escribir.

Átame a la vida una vez más. 

Cuando las brumas me ahoguen
déjame volver a ti. 
Aunque me repita y me destroce, 
y redunde en la misma piedra. 
Quédate a mi lado, 
cuando me hunda en el barro, 
cuando me asfixie la hiedra 
enredándose como una serpiente 
por mi cordura.

Libérame la diestra, 

y con un rayito de luz
enciéndeme la frente. 
Déjame volver siempre 
a ti,
déjame siempre volver a escribir.



Raquel Alcaide

jueves, 16 de abril de 2015

Palabras para un amigo



No sé en qué piensas
cuando no dices nada.
Pareces tan entero,
tan seguro y embustero,
apenas desvías la mirada.

Llegas y te viertes,
sonrisa, trabajo y modales.
Eres todo lo que se espera de ti
sin dejar indiferente a nadie.

A veces rompes a reír
como si te fuera la vida en ello,
como si te fueras a partir el pecho.
Otras te quedas ahí,
como tierra en barbecho,
rumiando para tus adentros.

Y me pregunto yo
qué hilos te moverán las manos
y qué engranajes el corazón,
cuando tienes un día de esos
en los que tanto te odio
para quererte luego con más razón.

¿Saber lo que llevas dentro?
Capaz no sería
de tanto atrevimiento.
Con un guiñe cómplice,
con ser tu amiga
me conformaría.

Tantos demonios arrastramos
que nos faltan copas de vino,
y a mí alguna de whisky,
para decirte mientras la miro
que, no sé si lo sabes,
pero puedes contar conmigo.



Raquel Alcaide

lunes, 13 de abril de 2015

Hasta siempre, Galeano


La memoria selectiva nos permite seguir adelante, y también la utopía que diría Galeano. Que sirve para eso, para caminar. Hoy quiero recordarle y homenajearle, aunque para eso tenga que volver atrás en el tiempo, y destapar viejas historias y viejas heridas, y recordar a quien alguna vez y antes de todo me mostró su corazón y con él las venas abiertas de América Latina. Del dolor sólo se puede aprender, y del olvido, sobrevivir. Si algo bueno me quedó de ti fue "El libro de los abrazos". Gracias a ti por él y, por todo lo demás, gracias, Eduardo Galeano, a ti también.


LA PEQUEÑA MUERTE

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

(El libro de los abrazos. Eduardo Galeano)




viernes, 10 de abril de 2015

447




Ayer,
a estas horas,
aún me quemaba la piel
cada roce de tu boca.
Sin querer mirarte a los ojos
porque no me abrieras el alma,
me aferraba a tu cuerpo
como a la última esperanza.

Atravesado a quemarropa
llevaba un nudo en la garganta,
que infeliz quise disimular
con una sonrisa falsa.

Qué difícil soltarme de tu mano,
dejarte atrás y seguir caminando.
Triste batalla librándose en el pecho
donde siempre lucha un sólo bando.

Resoplan enfrente los trenes
y murmulla el gentío.
Yo arrastro mi maleta
con tu recuerdo en las sienes
y mi corazón en el bolsillo.

Con billete y sin destino,
y una última mirada,
con la marca de tus labios
a fuego en los míos grabada.

Otra vez me voy.
Otra vez  te dejo y me parto en dos,
y me golpea el vacío sin compasión.
Otra vez
cuatrocientos cuarenta y siete kilómetros
entre tú y yo.



RAV

viernes, 20 de marzo de 2015

Destierro


Desempolvando el baúl de los versos apócrifos he encontrado algunas cositas como ésta. De esas que escribía quién sabe cuándo ni por qué. Sin fecha de ida, pero adonde siempre puedo retornar.


"Dentro de la carne
volverás a sentir
el vacío inhabitable
y los sudores de la sangre
palpitando por salir.
Los sueños enquistados,
que se cansaron de huir.
Y en un rincón, aletargado,
eximido de vivir,
el aliento perdido
de un corazón exiliado.
De agonías impedido,
de traiciones agrietado,
mortecino su latir.

Miedos de medianoche
en la sarcástica oscuridad, 
dos sombras sin nombre
dibujando la soledad.
Una el amor frustrado,
otra la libertad".


RAV

sábado, 14 de marzo de 2015

PROSIGUE EL MISMO ESTADO DE SUS AFECTOS


Un soneto de Don Francisco, que me apetece hoy.


"Amor me ocupa el seso y los sentidos:
absorto estoy en éxtasi amoroso,
no me concede tregua ni reposo
esta guerra civil de los nacidos.


Explayóse el raudal de mis gemidos
por el grande distrito y doloroso
del corazón, en su penar dichoso,
y mis memorias anegó en olvidos.


Todo soy ruinas, todo soy destrozos,
escándalo funesto a los amantes,
que fabrican de lástima sus gozos.


Los que han de ser y los que fueron antes
estudien su salud en mis sollozos
y envidien mi dolor, si son constantes".

domingo, 1 de marzo de 2015

LA DIALÉCTICA DEL JOVEN PADAWAN






Nunca me han llamado la atención los niños, no se me dan muy bien que digamos, me nace más instinto maternal con una camada de hurones hambrientos que con un bebé recién nacido. Las cosas de la vida.


Pero esta mañana, dando un paseo por el campo con la familia, me he entretenido charlando con Juanito, uno de mis primos pequeños, de ocho añitos, y me ha dejado pensando. Quizás no esté todo perdido, a lo mejor queda alguna esperanza para este mundo. ”¡Esos locos bajitos!”.


Es un renacuajo con carilla de duende travieso, de semblante tranquilo pero avispado y sagaz. Pregunta algunas cosas, y sabe muchas más, eso sí, nunca revela sus fuentes el muy truhán. Te gana por su sinceridad y sus ganas de aprender cosas. Durante el camino le he explicado lo que era “pegarse un topetazo” y “coger una liebre”, y hemos identificado a un ratonero bodeguero andaluz, un bretón español, un asno andaluz y uno zamorano-leonés (aprovechando que íbamos por el campo he barrido para mi terreno, por si algún día le llama la vocación, que nunca se sabe). Él no se sorprende por nada de lo que le dices, pero absorbe con todo detalle la información que le das. Es una esponja increíble.


La que no ha parado de sorprenderse he sido yo. Normalmente se me caen todos los palos del sombrajo cuando lo escucho hablar (se expresa de una manera muy correcta e impropia de los niños de su edad, con una pronunciación y unas palabras que dejan anonadado a cualquier adulto, y todo ello con una seguridad pasmosa), pero hoy, además, he alucinado con el tema de la conversación: la guerra de las galaxias.


Cuando piensas en el salto generacional de veinte años que hay de por medio te das cuenta de que la cosa tiene su miga. Y más o menos fue ésta:

-  ¿Pero cómo vas a conocer tú “La guerra de las galaxias”, Juan?. Si eso es más viejo que yo. -   La guerra de las galaxias, también conocida como Star wars- dice  sin inmutarse. 
-   Eh…sí, claro- intento que no se note que estoy alucinando en colores. 
-   Sale uno que es muy malo y dice “yo…soy…tu padre”- y para resultar más veraz pone voz de señor oscuro.
-   Ese es Darth Vader.
-   Sí, eso, Darth Vader. Y su hijo es Luke. Y también hay uno que es el que más sabe de todos y es de color verde, Yoda. 
-  Ajam…-yo sigo alucinando-. ¿Y sabes cómo se llama el “cuartel general” de Darth Vader? 
-  La estrella de la muerte- me dice, y se queda tan pancho.
- ¿Y si no has visto las películas, cómo sabes todas esas cosas, Juanito? 
-  Porque he visto la película de Lego.


¡Así que era eso! Como diría el gran detective Ford Farlaine: “te cagas, Moragas” (qué capacidad para absorber y retener información). Todavía seguimos un buen rato más hablando y debatiendo sobre el tema, y hasta tuvimos, a petición del joven padawan, una simulación de pelea con espadas láser imaginarias, que disfruté y perdí con toda la elegancia que pude. Me hizo tanta ilusión que le prometí que le regalaría las películas para que se terminara de documentar y hablara con más propiedad todavía, si es que eso es posible.


A la disertación friki siguieron otras conversaciones no menos interesantes, hablamos de animales, de música clásica, de lo cotidiano y del bien y el mal (el hilo de Darth Vader da para mucho). A ratos parecía murmurar cosas para sí mismo y moverse al son de una melodía que sólo él podía escuchar, así que no pude reprimir mi curiosidad y le pregunté qué cantaba o bailaba. Me respondió que cosas que él tiene en su cabeza. De repente , a mí que a friki no me gana nadie, se me ocurrió algo y le dije:

-   ¿Tú sabes quién es Sherlock Holmes?-   Claro, un detective.
-   No sé de qué me sorprendo. ¿Y cómo lo conoces?
-   He visto capítulos sueltos.
-  ¿De película o de dibujos animados?
-   De dibujos…
-   Ah…vale. Pues ¿sabes que Sherlock Holmes hace mucho esas cosas que haces tú de hablar contigo mismo? Lo llama su “palacio mental”, y allí se va a pensar en sus cosas y analizarlo todo.
-  Ajam- dice como distraído-. Pues en mi cabeza hay muchas cosas. Yo a veces pienso…y pienso cosas. Aquí – y se toca la cabeza con un dedo-, aquí dentro hay muchas cosas.




¡Vaya si hay cosas! ¡Ya lo creo que sí! Y espero que reciban los estímulos suficientes y adecuados para poder desarrollarse en algo maravilloso muy pronto. Después de la entretenida mañana divagando con el pequeño saltamontes, me quedé yo también en mi propio palacio mental. Qué buen rato y qué charlas más interesantes. Deberíamos dedicar más tiempo a disfrutar de estos imberbes insaciables que no se cansan de jugar ni de absorber conocimientos, ahora que son diamantes en bruto y que en su inocencia pueden ver el mundo con los mejores ojos, y con un poco de suerte,  dejarnos contagiar por esa alegría y por la sencillez de las pequeñas cosas,  que son las que dan la felicidad y las que en nuestras adultas vidas acostumbramos a olvidar.


Es más, deberían recetarlo los médicos: “una charla y media o cuarto y mitad de interacción filosófica con un niño tres veces en semana”. Tratamiento de por vida para enriquecimiento mutuo. Éxito garantizado. Alarga la vida. Testado emocional e intelectualmente.





Raquel Alcaide