martes, 12 de septiembre de 2017

COLEGAS (microrrelato)


Ernesto nunca hacía caso. Cuando llegó tenías las orejas sucias y llenas de ácaros. Luego sanó, creció lustroso, fue gordo y fue flaco. Tenía una encantadora forma de ignorarte, andares de bohemio y ni una sola pulga en la barriga. Esa noche le abrí una lata de atún y le rasqué bajo la mandíbula. Buenas noches, colega. No se te vaya a ocurrir morirte- le dije.

Pero Ernesto nunca hacía caso.


R.A.V.

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