El viejo profesor apoyó la frente en su hombro en señal de sincero agradecimiento, y de alguna manera ella supo que también buscaba su propia redención. Correspondió a su gesto con un abrazo, y sintió la paz intranquila que transmitía su pecho. La sonrisa serena, y en los ojos un brillo fugaz que parecía quedarse con las ganas de decir algo más. Sobre la barra del bar una copa, un tercio de mahou a medias y un pequeño paquete envuelto en papel de periódico, aún sin abrir.
Arrancó la hoja del calendario con su recuerdo en las sienes y se hizo un año más viejo.
R.A.V.
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