jueves, 24 de enero de 2019

Crónicas de viaje: "Teneriffa, agüita mi niño".





Tenerife es una isla del océano Atlántico perteneciente a la Comunidad Autónoma de Canarias (España). Junto a La Palma, La Gomera y El Hierro conforma la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Eso y algunas cosas más dice si le preguntas a la Wikipedia, si me preguntas a mí te diré que soy una gran ignorante de la vida y que, no obstante, después de dos días y medio en sus tierras puedo definirla como un paraíso para los sentidos. Soy bastante mala con la geografía desde siempre –no voy a reconocer hasta qué punto, pero en mi defensa alegaré que me vuelco en investigaciones cuando visito ciudades nuevas y también a la vuelta del viaje–, por lo que mantengo la sana costumbre de pillar un mapa en cuanto aterrizo. Me gusta marcar los sitios por los que pasamos y tener la consciencia e imagen mental de dónde estoy ubicada en cada momento sobre el planeta Tierra, y así de paso relleno esos huecos que hay en mi cabeza, capitales, provincias y demás. Siendo más sincera todavía tengo que añadir que nunca me había llamado especialmente la atención esta isla (ninguna, en general, manías tontas de persona poco viajada), pero de eso también me han curado allí.

¡La de cosas que he aprendido! Aparte de las fotos, los momentos y todos los recuerdos que eso conlleva, lo que más me gusta es lo que aprendes en cada parte del mundo. Para empezar, que la historia cambia por completo si vas de la mano de guías autóctonos, y si estos son amigos no podrás pedir más ni comer mejor. Que todo el mundo conoce las papas arrugás y el mojo, pero yo ahora puedo decir que el gofio, el almogrote, y el barraquito especial están de vicio también. Y la carne de cabra, y la mermelada de guayaba, y los juguitos de naranja y papaya. ¡Y los vinos! Entran que da gusto y no sabes cuándo parar. Huelga decir que el gastroturismo es una parte muy importante de nuestros viajes. Para hacer frente al bucle interminable de curvas y revueltas que te llevan al Teide hay que llenar bien el buche y engrasar la maquinaria. Especial buen recuerdo guardo del restaurante “Aguamansa” –en La Orotava, ojito con Miguelito y su espirituoso casero de romero que se te mete en el alma y te tersa la piel, citando sus mismas palabras–, la tasca de “Tocuyo” –donde las paredes están llenas de frases, versos y chistes varios, y es costumbre tirar las cáscaras de los cacahuetes al suelo–, y el guachinche “El Paraíso” –en San Cristóbal de la Laguna, igual que el anterior, donde pudimos degustar no pocos platos y bebidas típicas que hicieron las delicias de nuestro paladar. Rincones que ya tengo apuntados en mi agenda para la próxima incursión, además de todos los que nos quedaron por visitar.

También he aprendido palabras y expresiones, riqueza cultural que no sé si todo el mundo valora, pero que a mí me encanta. Los guachinches son bares o restaurantes donde te sirven comidas y vinos típicos de la zona, que se originaron en los mercadillos que hacían los ganaderos y agricultores antaño con sus productos, algunos se hicieron legales y otros…ahí están. A lo que nosotros llamamos chirimiri o chispear (harineando en mi pueblo), ellos lo conocen como chipi chipi. Luego están los magos, que he visto que tiene varias acepciones, pero la que a mí me explicaron consistía en gente de pueblo, muy de campo, tosca y con la cara roja, de trabajar bajo el sol y también de cerrar algún que otro bar al terminar la jornada. Agüita es una de mis favoritas, es para mostrar sorpresa ante algo, aunque tiene mucha versatilidad, por los contextos en los que yo la he escuchado podría ser para los canarios lo que “no ve” para los malagueños, “sipote” para los cordobeses, “ahí va la hostia” para los vascos, o “vaya tela” para el resto de la población. Se me quedan muchas en el tintero, pero como pienso ir más veces ya haré un glosario en condiciones.
De los paisajes qué puedo decir. Contraste de temperaturas y accidentes geográficos en cuestión de pocos kilómetros. Tengo fotos que recuerdan a isla Nublar, otras que te transportan a algún capítulo de Doctor Who en las tierras de Marte, y otras en las que puedes revivir más de una escena de Perdidos. Cada imagen acompañando a silencios y exclamaciones que se suceden y apelotonan en un vórtice constante con el Síndrome de Stendhal como protagonista. Es mi manera enrevesada y romántica de decir que lo flipé bastante, que me encantó, que allí se puede respirar y desconectar. ¡Que volveremos! Con menos lluvia, espero, para poder subir en condiciones al padre Teide, y con más tiempo, para todo lo que se nos ha quedado a medias. Desde luego, dos días y medio en Teneriffa, como dicen los guiris, es como dejarte con la miel en los labios.

Tenía la intención de escribir unos párrafos en orden cronólogico, con listas de lugares visitados y restaurantes que valorar en tripadvisor, pero luego me he dado cuenta de que esto no es un blog de viajes ni yo soy una trotamundos profesional, así que me quedo tan a gusto con mi reseña tinerfeña a modo de diario personal. Justo ahora, releyendo desde el principio, me percato también de que no he contado la aventura con el coche para llegar a la T4, que casi nos hace perder el vuelo a la ida, y luego la hora de retraso por el cambio de avión que nos hicieron, ya que el nuestro había dado no sé qué problema en la revisión de seguridad. Gajes de los viajes y de los vuelos, aventurillas éstas rematadas por otra hora de espera en Tenerife Norte al llegar, por no sé qué cambio de la ruta en el autobús que traía a nuestro anfitrión desde Tacoronte para recogernos. Debo decir que las seis horas largas de ayuno que casi sumen a mi estómago y mi espíritu en depresión profunda, se vieron gratamente compensadas por el “faro especial” que nos metimos entre pecho y espalda con un juguito de naranja y papaya en cuanto estuvimos en manos del guía local (godo de nacimiento, guanche en funciones).

Todo eso puede dar para otro post, otro día quizás. Hoy lo dejo aquí. Me llevo momentos, lugares, risas, fotos, vino con vino, leche y leche, postales y souvenirs, recuerdos geniales y la firme promesa de volver pronto para no dejar nada sin ver y sin hacer.


RAV

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