Hoy toca poesía. No es algo que yo decida o elija, es algo que sale cuando quiere y puede, como un virus contagioso o una tos alérgica, que te hace polvo la garganta y es irreprimible en cualquier circunstancia. A veces tienes una imagen, una idea que te ronda, un capítulo de tu vida o de la de otros, fantasía y ciencia ficción, o cólera, o traumas en la mochila, dolor de espalda y congestión. Lo que sea, un mal día o uno estupendo o uno mediocre y aburrido, todo puede hacer que escribas. Porque todo es, y con eso basta. Escribes porque respiras. Y no puedes -ni debes- explicar nada más.
"Oscura y pura"
Oscura y pura,
como un ataque de ira,
como el chocolate negro,
como las tardes en que no te veo.
Vestida de raso y de rabia,
la chaqueta de cuero
y las pupilas dilatadas.
Avisto miradas furtivas
que viajan en silencio,
tanteo el terreno,
calculo situaciones y salidas.
Quizás he venido a buscarte,
pero no salgo a tu encuentro.
Las aceras
son arenas movedizas.
Tú estás lejos.
Correré una vez más el riesgo,
fingiendo una seguridad
que no siento.
Hay sonrisas en los cristales
y sangre en los bolsillos.
Maletas olvidadas,
desgana,
veneno y maldades
acechando tras los visillos,
de gente podrida
de miedo y deriva,
de perros abandonados
a su perra suerte y su perra vida.
Una nube negra engulle todo,
turba espesa de sumisos y desesperados.
Ansiosos por el futuro,
cruzando -semáforo en rojo-
como autómatas desorientados.
Queriendo salir ilesos
en la huida del pasado.
Retrocede la furia
con el té caliente del desayuno.
Respira un minuto.
Los demonios no duermen
ni descansa el huracán,
el tiempo será siempre tu verdugo.
Oscura y pura,
mientras resisto y vivo.
Oscura y pura,
mientras lo escribo.
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