jueves, 21 de febrero de 2019

Trombo saudade



Este desierto fue antaño todo bullicio.
Aquí hubo gente que yo conocí.
Ahora campa el silencio a su antojo,
cae la bruma y el invierno,
me arañan vientos que nunca sentí.
Ya no hay nadie a quien acudir.

Un árbol tiembla en medio del oasis.
me aferro a su tronco con ansiedad.
Me acaricia el pelo con sus ramas
-también me recuerda, lo sé-,
me besa la frente con piedad.
Susurra un te quiero al despedirse.
Su voz me taladra,
me confunde su olor.
El tacto de su corteza agrietada,
como una bofetada,
me trae de vuelta a la realidad.

Ya he pasado antes por aquí
y este camino no tiene final.
Sólo recodos verdes
con flores de plástico
y estampas de cristal.
Sombras que se alargan al pasar.
Sirenas atracadas,
entre las brechas del tiempo,
en las arenas de mi soledad.

Huele a romero y melancolía,
estoy enferma de pasado.
Demasiados frentes abiertos,
me dejo llevar,
me suelto de tu mano.
Vuelo rasante.
Asciendo y me caigo.
Caída en barrena.
Me estrello y me desangro.

Han pasado muchos años,
y aunque todo está en su sitio
todo ha cambiado.
No estás tú, ni aquellos, ni los otros.
No hay cuerdas que me salven.
Sólo fantasmas y recuerdos
en bolsillos rotos.

Tengo un trombo en la garganta
y me escuece el corazón.
Me hace feliz volver a verte,
sentir tus calles, tu brisa, tu gente.
No es poca dicha, Córdoba mía,
tenerte.
Allí donde todo nace
y donde tanto, también, murió.
Serás siempre, tierra madre,
mi ensueño y mi perdición.


RAV

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