miércoles, 31 de enero de 2024

Cartas Azules 2024

 


                          




Madrid, 01 de febrero de 2024

 

¡Hola, Tronk!

 

         Otra vez es primavera mientras te escribo. Ya sabes lo que dice el refranero: «Febrerillo el loco», pero las temperaturas han sido inusualmente altas en los últimos días de enero también, así que es más una cuestión de cambio climático y todo eso.

         Hay cigüeñas por el cielo, mucho antes de San Blas, y gansos del Nilo y gaviotas otra vez en la charca del parque. Gaviotas, tía. Es muy curioso, porque no hacen demasiado ruido en estos meses del año, pero luego, cuando empieza a apretar el calor, se las escucha desde bien lejos graznando como en un hervidero de actividad marítima. Supongo que si uno se pone muy bohemio puede imaginarse que está cerca de una playa. A mí me ponen de los nervios, más que por el ruido (que también), por saber que es una ilusión y que no tengo ninguna playa al lado de casa. Nunca te pregunté si te gustaban las gaviotas. Seguro que sí, porque tu amor por los animales no entendía de especies.

         Ahora hay más gente en el equipo, en los últimos meses he descubierto zampullines chicos y gallinetas. Te encantarían, son súper majos. Las gallinetas tienen unas patas muy grandes y pintorescas de color amarillo verdoso, y me resultan tremendamente graciosas cuando echan a correr con esos zapatones fuera del agua; emiten un sonido muy agudo, como una especie de pitido, que a mí por lo que sea me da ternura escuchar, porque parece que se están hablando entre ellas (que seguramente sea lo que hagan) para quejarse sobre algo o dar la alarma para salir huyendo. Los zampullines son más pequeñitos, y sólo puedes verlos durante una fracción de segundo, que es lo que tardan en meterse de cabeza en el agua para bucear a gran velocidad y aparecer, de repente, en la otra punta de la charca. Son geniales.

         ¡Bueno! ¡Y la joya de la corona! Casi se me olvida: El maravilloso cormorán. Es más habitual ver uno de estos señores pájaros en Madrid Río o en el Lineal del Manzanares, claro, pero un día en el que iba yo tranquilamente por el parque sucedió el milagro, y quiso el destino dejarme apreciar a un espectacular ejemplar que se paró en una esquina de la charca de los patos a secarse las plumas. Alucinante. Habrías flipado como flipé yo. Además, parecía que estaba posando, me dejó acercarme muchísimo y, por supuesto, le hice el reportaje fotográfico correspondiente.

         Y toda esa fantasía si hablamos sólo del agua. Fuera ves a las lavanderas blancas dando saltitos y pequeñas carreras entre la hierba, gorriones (que aún quedan, por suerte) y algún herrerillo si afinas la vista entre las ramas de los árboles. Una mañana, de no recuerdo cuándo, me senté en una de las piedras del borde de la charca y se me posó un petirrojo regordete y cantarín al lado. No me dio tiempo ni a preguntarle la hora, pero me pasé el resto del día con una sonrisa tonta en la cara. Me sigo alimentando de esos pequeños momentos, porque como no nos agarremos a eso… ¡Menuda turra ornitológica te estoy dando! Intentaré resumirte un poco el resto.

         Recordarás que te hablé del último curro que tuve en aquella tienda de manualidades. Intenté encontrar alguna otra cosa durante los primeros meses del año pasado, pero al final acabé tomando la decisión —varias veces postergada en los tiempos de ir mendigando de clínica en clínica, ya sabes— de ponerme en serio con unas oposiciones. Lo de Correos era demasiado jugoso como para dejarlo pasar, pero tú y yo sabemos que aquello no tenía futuro para nosotras; estuvo bien como experiencia, pero era imposible motivarse con esos apuntes. Así que esta vez me decidí por algo que de verdad me llamara, algo en lo que yo sí me viese trabajando: auxiliar de bibliotecas. Y con ello me puse a conciencia más o menos desde junio, hice una primera intentona en octubre, y ahí sigo, preparándome para la siguiente oportunidad que se me presente. Soy realista, y no quiero hacerme ilusiones, porque éste es un camino tan de resistencia como la carrera que elegimos, pero ¿quién sabe?, a lo mejor el año que viene te escribo esta carta en un rato libre que tenga en mi nuevo trabajo bibliotecario. ¡Ojalá!

         Y eso, a nivel personal, ha sido quizás lo que más peso ha tenido en 2023. La veterinaria siempre estará conmigo, no tengas la menor duda, los animales y la medicina me acompañarán siempre; pero hay que reinventarse para seguir sobreviviendo, y hacerlo entre libros me parece una idea digna de intentar. Por lo demás, de salud no me quejo, para mí ha sido un año bueno —aunque ya nos estrenamos con nuestro amigo el corona, pero cogerlo después de tres años y medio de pandemia creo que es para estar orgullosos, ¡fuimos la resistencia!—; eso sí, en mi casa hemos pasado momentos jodidos porque a mi hermana se le complicó el Crohn y al final hubo que hacer enterectomía. Menos mal que salió todo genial (grandísimos médicos y cirujanos hay en Córdoba) y quedó la cosa en un susto y muchos nervios.

         El bueno de tu amigo Gastón está ya hecho un viejales. Es posible que tenga que pasar una vez más por el mecánico —maldita costumbre perruna de no lavarse los dientes y acumular sarro—, pero sigue teniendo el espíritu de un cachorro y la analítica es compatible con una buena anestesia. Seguro que sale como yo de las colonoscopias: borrachillo pero victorioso. Sigue siendo un lametones insufrible (lo tenemos abonado al collar isabelino, porque se las lía muy pardas cuando se aburre), y ahora, a veces, lleva pañal. Ya sabes, un esperpento muy adorable, da para foto de calendario. Quedaría genial con un compañero gatuno, pero este último ya lo dejamos para nuestros sueños de futuro, que por fin andamos buscando piso y en algún momento caerá (digo yo, tendré que convencer a Enrique) un pequeño tigre en nuestra casa.

         Del mundo mejor no te cuento nada. Está todo demasiado patas arriba, da miedo y pena, mucha pena. Y también rabia, para qué nos vamos a engañar. Ya casi nadie lleva mascarilla, y eso es señal de que podemos permitirnos ese lujo, pero las zoonosis están a la orden del día. Si nos hubieran transmitido en su momento la verdadera importancia de aquellas asignaturas tan hueso, como Infecciosas y Preventivas, yo creo que las habríamos cogido con más ganas y motivación, o al menos yo. Lástima que no se pueda dar al botón de rewind para cambiar eso ni para tantas otras cosas.

         ¡Jesús y Javi se casaron en septiembre! La verdad es que lo pasamos muy bien, fue muy emocionante, se te habría saltado la lagrimilla (yo creo que era su plan secreto desde el principio, tenernos ahí a todos con el moco colgando). ¡Y nos reencontramos también con Anne! Llevábamos muchos años sin vernos, y la tía se puso el mismo vestido que usó en la graduación… ¡Es el Jordi Hurtado de nuestra promoción! No pasan los años por ella. Nos reímos un montón, con Anne ya sabes tú que no te puedes aburrir.

         Y de ahí a final de año sí que pasó el tiempo volando, estoy intentando hacer memoria pero sólo recuerdo resfriados, ansiedad por querer llevar mil cosas para adelante (como siempre, ya me conoces) y dulces, muchos dulces. Me he puesto fina filipina estas navidades, tanto que ya soy yo otra vez y no la sombra de mí que era en 2020, y ése es un pensamiento alentador.

         Bueno, me he saltado noviembre. A finales de ese mes se estrenó la peli en la que sale Inés. ¡Todavía no la he visto! Vergüencita me da. Se me juntó el hambre con las ganas de comer, o más bien los estreses y los virus… Ahora estoy al quite para ver cuando la ponen en alguna de las veinte plataformas a las que estamos suscritos para poder verla. Me hace ilusión poder decir que yo conozco a esa actriz, ¡que estudió con nosotras! Ay, los viejos tiempos de la facultad. Hubo cosas muy buenas y otras todo lo contrario, pero puestos a recordar, yo prefiero quedarme con las primeras.

         Cada año me cuesta más escribir esta carta, no te voy a engañar, menuda jodienda nos hiciste yéndote de erasmus a un sitio sin cobertura ni wifi. ¡Ya te vale! Pero ten por seguro que me acuerdo de ti con cada bichejo que me cruzo por el camino, con cada tienda friki que piso y cada serie de Star Wars que veo («Andor», menuda pasada; y «Ahsoka» te habría flipado), con cada paseo por el campo y con cada hamburguesa (vegana o no) con patatas fritas, que sé que te encantaban.

         Espero que allá donde estés te lleguen, en forma de una suerte de brisa fresca, los pensamientos bonitos de toda la gente que se acuerda de ti. Feliz, feliz no cumpleaños.

 

 

Un abrazo, Peliblue.

Hasta siempre, amiga.

 

 

Raquel

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