Madrid, 01 de
febrero de 2024
¡Hola, Tronk!
Otra vez es primavera mientras te
escribo. Ya sabes lo que dice el refranero: «Febrerillo el loco», pero las
temperaturas han sido inusualmente altas en los últimos días de enero también,
así que es más una cuestión de cambio climático y todo eso.
Hay cigüeñas por el cielo, mucho antes
de San Blas, y gansos del Nilo y gaviotas otra vez en la charca del parque.
Gaviotas, tía. Es muy curioso, porque no hacen demasiado ruido en estos meses
del año, pero luego, cuando empieza a apretar el calor, se las escucha desde
bien lejos graznando como en un hervidero de actividad marítima. Supongo que si
uno se pone muy bohemio puede imaginarse que está cerca de una playa. A mí me
ponen de los nervios, más que por el ruido (que también), por saber que es una
ilusión y que no tengo ninguna playa al lado de casa. Nunca te pregunté si te
gustaban las gaviotas. Seguro que sí, porque tu amor por los animales no
entendía de especies.
Ahora hay más gente en el equipo, en
los últimos meses he descubierto zampullines chicos y gallinetas. Te
encantarían, son súper majos. Las gallinetas tienen unas patas muy grandes y
pintorescas de color amarillo verdoso, y me resultan tremendamente graciosas
cuando echan a correr con esos zapatones fuera del agua; emiten un sonido muy
agudo, como una especie de pitido, que a mí por lo que sea me da ternura
escuchar, porque parece que se están hablando entre ellas (que seguramente sea
lo que hagan) para quejarse sobre algo o dar la alarma para salir huyendo. Los
zampullines son más pequeñitos, y sólo puedes verlos durante una fracción de
segundo, que es lo que tardan en meterse de cabeza en el agua para bucear a
gran velocidad y aparecer, de repente, en la otra punta de la charca. Son
geniales.
¡Bueno! ¡Y la joya de la corona! Casi
se me olvida: El maravilloso cormorán. Es más habitual ver uno de estos señores
pájaros en Madrid Río o en el Lineal del Manzanares, claro, pero un día en el
que iba yo tranquilamente por el parque sucedió el milagro, y quiso el destino
dejarme apreciar a un espectacular ejemplar que se paró en una esquina de la
charca de los patos a secarse las plumas. Alucinante. Habrías flipado como
flipé yo. Además, parecía que estaba posando, me dejó acercarme muchísimo y,
por supuesto, le hice el reportaje fotográfico correspondiente.
Y toda esa fantasía si hablamos sólo
del agua. Fuera ves a las lavanderas blancas dando saltitos y pequeñas carreras
entre la hierba, gorriones (que aún quedan, por suerte) y algún herrerillo si
afinas la vista entre las ramas de los árboles. Una mañana, de no recuerdo
cuándo, me senté en una de las piedras del borde de la charca y se me posó un
petirrojo regordete y cantarín al lado. No me dio tiempo ni a preguntarle la
hora, pero me pasé el resto del día con una sonrisa tonta en la cara. Me sigo alimentando
de esos pequeños momentos, porque como no nos agarremos a eso… ¡Menuda turra
ornitológica te estoy dando! Intentaré resumirte un poco el resto.
Recordarás que te hablé del último
curro que tuve en aquella tienda de manualidades. Intenté encontrar alguna otra
cosa durante los primeros meses del año pasado, pero al final acabé tomando la
decisión —varias veces postergada en los tiempos de ir mendigando de clínica en
clínica, ya sabes— de ponerme en serio con unas oposiciones. Lo de Correos era
demasiado jugoso como para dejarlo pasar, pero tú y yo sabemos que aquello no
tenía futuro para nosotras; estuvo bien como experiencia, pero era imposible
motivarse con esos apuntes. Así que esta vez me decidí por algo que de verdad
me llamara, algo en lo que yo sí me viese trabajando: auxiliar de bibliotecas.
Y con ello me puse a conciencia más o menos desde junio, hice una primera
intentona en octubre, y ahí sigo, preparándome para la siguiente oportunidad
que se me presente. Soy realista, y no quiero hacerme ilusiones, porque éste es
un camino tan de resistencia como la carrera que elegimos, pero ¿quién sabe?, a
lo mejor el año que viene te escribo esta carta en un rato libre que tenga en mi
nuevo trabajo bibliotecario. ¡Ojalá!
Y eso, a nivel personal, ha sido
quizás lo que más peso ha tenido en 2023. La veterinaria siempre estará
conmigo, no tengas la menor duda, los animales y la medicina me acompañarán
siempre; pero hay que reinventarse para seguir sobreviviendo, y hacerlo entre
libros me parece una idea digna de intentar. Por lo demás, de salud no me
quejo, para mí ha sido un año bueno —aunque ya nos estrenamos con nuestro amigo
el corona, pero cogerlo después de tres años y medio de pandemia creo que es
para estar orgullosos, ¡fuimos la resistencia!—; eso sí, en mi casa hemos
pasado momentos jodidos porque a mi hermana se le complicó el Crohn y al final
hubo que hacer enterectomía. Menos mal que salió todo genial (grandísimos
médicos y cirujanos hay en Córdoba) y quedó la cosa en un susto y muchos
nervios.
El bueno de tu amigo Gastón está ya
hecho un viejales. Es posible que tenga que pasar una vez más por el mecánico
—maldita costumbre perruna de no lavarse los dientes y acumular sarro—, pero
sigue teniendo el espíritu de un cachorro y la analítica es compatible con una
buena anestesia. Seguro que sale como yo de las colonoscopias: borrachillo pero
victorioso. Sigue siendo un lametones insufrible (lo tenemos abonado al collar
isabelino, porque se las lía muy pardas cuando se aburre), y ahora, a veces,
lleva pañal. Ya sabes, un esperpento muy adorable, da para foto de calendario.
Quedaría genial con un compañero gatuno, pero este último ya lo dejamos para
nuestros sueños de futuro, que por fin andamos buscando piso y en algún momento
caerá (digo yo, tendré que convencer a Enrique) un pequeño tigre en nuestra
casa.
Del mundo mejor no te cuento nada.
Está todo demasiado patas arriba, da miedo y pena, mucha pena. Y también rabia,
para qué nos vamos a engañar. Ya casi nadie lleva mascarilla, y eso es señal de
que podemos permitirnos ese lujo, pero las zoonosis están a la orden del día.
Si nos hubieran transmitido en su momento la verdadera importancia de aquellas
asignaturas tan hueso, como Infecciosas y Preventivas, yo creo
que las habríamos cogido con más ganas y motivación, o al menos yo. Lástima que
no se pueda dar al botón de rewind para cambiar eso ni para tantas otras
cosas.
¡Jesús y Javi se casaron en
septiembre! La verdad es que lo pasamos muy bien, fue muy emocionante, se te
habría saltado la lagrimilla (yo creo que era su plan secreto desde el
principio, tenernos ahí a todos con el moco colgando). ¡Y nos reencontramos
también con Anne! Llevábamos muchos años sin vernos, y la tía se puso el mismo
vestido que usó en la graduación… ¡Es el Jordi Hurtado de nuestra promoción! No
pasan los años por ella. Nos reímos un montón, con Anne ya sabes tú que no te
puedes aburrir.
Y de ahí a final de año sí que pasó el
tiempo volando, estoy intentando hacer memoria pero sólo recuerdo resfriados,
ansiedad por querer llevar mil cosas para adelante (como siempre, ya me
conoces) y dulces, muchos dulces. Me he puesto fina filipina estas navidades,
tanto que ya soy yo otra vez y no la sombra de mí que era en 2020, y ése es un
pensamiento alentador.
Bueno, me he saltado noviembre. A
finales de ese mes se estrenó la peli en la que sale Inés. ¡Todavía no la he
visto! Vergüencita me da. Se me juntó el hambre con las ganas de comer, o más
bien los estreses y los virus… Ahora estoy al quite para ver cuando la ponen en
alguna de las veinte plataformas a las que estamos suscritos para poder verla.
Me hace ilusión poder decir que yo conozco a esa actriz, ¡que estudió con
nosotras! Ay, los viejos tiempos de la facultad. Hubo cosas muy buenas y otras
todo lo contrario, pero puestos a recordar, yo prefiero quedarme con las
primeras.
Cada año me cuesta más escribir esta
carta, no te voy a engañar, menuda jodienda nos hiciste yéndote de erasmus a un
sitio sin cobertura ni wifi. ¡Ya te vale! Pero ten por seguro que me acuerdo de
ti con cada bichejo que me cruzo por el camino, con cada tienda friki que piso
y cada serie de Star Wars que veo («Andor», menuda pasada; y «Ahsoka» te habría
flipado), con cada paseo por el campo y con cada hamburguesa (vegana o no) con
patatas fritas, que sé que te encantaban.
Espero que allá donde estés te
lleguen, en forma de una suerte de brisa fresca, los pensamientos bonitos de
toda la gente que se acuerda de ti. Feliz, feliz no cumpleaños.
Un abrazo, Peliblue.
Hasta siempre, amiga.
Raquel

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