miércoles, 29 de agosto de 2018

Primera cita (microrrelato).


Hemos vuelto a quedar en ese bar de la esquina que siempre está abierto.

A decir verdad fingimos que nos encontramos allí por casualidad, y con la excusa de la barra libre y la falta de espacio nos ponemos a charlar como si nos acabáramos de conocer. Alrededor hay barullo, gente de toda clase charla, o debate, o discute. Yo no oigo nada, estoy escogiendo las palabras. Me faltan un par de copas y música de fondo, pero ya está decidido, me la juego, voy a tirarme a la piscina. Cojo aire, me acerco un poco más y le digo...

503 Service Unavailable

Mierda. ¡Que alguien reinicie el wifi!


RAV


lunes, 27 de agosto de 2018

Alta traición (microrrelato).


- La herida no es profunda, sobreviviré, pero duele -pienso, mientras me esfuerzo por recobrar el sentido y reconstruir los hechos.

Punzadas agudas y traicioneras me crispan los nervios, martillea la sien al respirar complicando cualquier movimiento, y la pesadez de los párpados me sume en un sopor insufrible. Tengo la boca seca, y cada suspiro exhala una queja de mi maltrecho cuerpo. Intento librar esta batalla con honor, me pregunto si estaré a la altura.

Alguien ha puesto la radio y suena Quique González. Va a ser un día duro, maldita resaca.



RAV

martes, 17 de abril de 2018

Libros que me gustan


"Me detuve, alzando una pata para echar una última meada: mi marca, por si no volvía. Negro estuvo aquí. Y mientras lo hacía, por un momento pensé en todos los que ladraban. En aquellos compañeros de infortunio sentenciados a un final infame: perros que, como había dicho el dogo, tal vez algún día fueron cachorrillos mimados, felices, arrancados de su sueño confortable por la estupidez y la crueldad humanas, y que ahora, en aquellas sucias jaulas, esperaban su destino como sparrings o como luchadores. Como carne fácil de coso y arena; o, en el mejor de los casos, abocados a un destino de decadencia, miseria, enfermedad y locura. Perros sin dueño, abandonados, robados, secuestrados, perdidos en un mundo sin piedad. Y mientras recorría el breve trecho entre la jaula y la furgoneta, oyéndolos ladrar su desesperación y su tragedia, recordé una de las historias a las que solía referirse Agilulfo cuando Teo y yo dábamos lengüetazos al agua anisada del Abrevadero: algo sobre un tal Espartaco, un gladiador romano; un luchador que se había rebelado contra sus amos y echado al monte con sus camaradas. Un esclavo que había sabido ser libre antes de morir vendiendo cara su piel y de acabar crucificado, o algo parecido.

Entonces me hicieron entrar en la furgoneta y puse rumbo a mi destino".

(Los perros duros no bailan. Arturo Pérez-Reverte)

viernes, 6 de abril de 2018

Sobre cuadernos y procesos



Empezar algo siempre da un poco de vértigo. Terminarlo puede generar alivio, o también miedo. Y a veces es el avance intermedio la parte que más acongoja del proceso. Puede que me esté liando, me pasa siempre cuando se me acumula en la cabeza lo que quiero expresar y se me solapan las palabras con las que intento hacerlo. Una de esas dos cosas va necesariamente más rápido que la otra, y ahí empieza el caos.

Para ser más gráfica y desahogarme de una vez diré que tengo sobre la mesa las tapas de un futuro cuaderno listas para coser (no pensaba que fuera a rimar, pero ahí lo dejo). Va a ser una encuadernación secreta belga, y le guardo tanto amor como respeto y pánico. Forrar las tapas y el lomo siempre me inquieta. Quiero que la cola empape todo, que seque bien, que no haya arrugas, burbujas, ni algún borde manchado y brillante, que no se combe el cartón, que quede impecable, pero, una vez sudada la gota gorda para cortar recto y parejo todas las partes con el cúter, el proceso de forrar es fácil y asumible después de todo. Coloco peso encima y respiro por unas horas, hasta que la gravedad haga su magia y termine de pulir mi trabajo.

Si puedo me pongo con otro proyecto para no saturarme mucho con la misma cosa. Y si no, me dedico a cavilar y esbozar mentalmente cómo van a ser los siguientes pasos que voy a dar. Ahora toca hacer una plantilla, coger el punzón y marcar los agujeros, pero antes de eso tengo una decoración pendiente. Esta vez me han pedido que un logo particular sea el protagonista de la portada, me he permitido además la licencia de añadir un pequeño detalle a juego en la contraportada (por más carta blanca que te den para que imagines y crees, siempre atenaza el riesgo de meter la pata hasta el corvejón). Y nada de esto ha sido liviano, muy al contrario. Ha sido un peso con el que he cargado varios días mientras me dedicaba a hacer pruebas con papeles, pegamentos y barnices. Un poco de intoxicación pulmonar (cada uno se droga con lo que quiere o con lo que puede) y a probar resistencia de materiales y calidad de productos. Parece que esto funciona, vale, genial, lo haré. Lo hago. Un pellizquito en el estómago hasta que ves que no has reventado todo lo que tenías hecho hasta ahora. ¡Seguimos!

Agujeros marcados. Sin darme cuenta aguanto la respiración mientras sujeto la plantilla sobre las tapas, no es cuestión de acabar con un síncope, pero cada mínimo elemento que forma parte del conjunto me tiene in albis hasta que veo que ya está y que está bien. Cualquiera diría, con lo que sufro, que me gusta lo que hago. Pues, aunque parezca mentira, así es. Ya casi acabo.

Tengo las tapas y el lomo sobre la base de corte, las hojas interiores preparadas y agujereadas, y la aguja curva lista y enhebrada. Todo a punto para coser y rematar la faena.  Pero aquí estoy, sin atacar. Observo ese panorama desde la esquinita en la que me evado, escribiendo estas líneas sobre mis agobios, haciendo tiempo para acometer la última tarea, imaginando que un duendecillo invisible y nocturno me hace el trabajo sucio y me deja un cosido perfecto y reluciente evitándome el miedo y la tensión de tener que hacerlo yo sabiendo que en el último escalón todo puede resbalar y precipitarse al vacío. Sí, ¿por qué no?. El melodrama se me puede dar tan bien o mejor que la encuadernación belga.

Creo que ya es hora de soltar la tecla y de intentarlo. ¡Deseadme suerte!

Nota: Sobre el proyecto que tengo ahora entre manos no puedo subir fotos, así que os enseño este otro que hice hace algún tiempo y que, por los papeles de las tapas, es uno de mis favoritos.




RAV

miércoles, 28 de marzo de 2018

Sin título y sobre ti




Restalla la ira
sobre los cristales del mundo,
arrojando polvo y metralla.
Lucha de titanes enturbia el cielo
de un rojo oscuro.

Voces con eco lejano,
no oigo nada.
Parece sólo el susurro
de un viento que arrastra
desmemoria y fatiga,
y malas decisiones.
Otra astilla en la herida.

Tengo los ojos secos
y la sonrisa torcida.
Me araña la boca el cierzo,
tañen mis sienes a la deriva.
¡Te juro que lo intento!

Silban las balas
a ras de mi vuelo,
disparos ajenos
esquivo por poco.
Me pienso los propios.
Si me lo pides, me quedo.

Aparece tu mano.
En el vacío insondable
me reclama tu mirada,
amortiguas el derrumbe,
me acaricias la cara.
Gasto sed y miedo,
hambre de tus ganas.
Vuelvo a por mi escudo,
continúa la batalla.

Harta estoy de huir,
de luchar contra fantasmas.
Ya no sumo más derrotas,
tu coraje me alimenta
y las entrañas me inflama.

Seguiré ensartando quimeras
con la punta de mi lanza,
velando tu sueño
como el regalo más preciado,
a tu pecho regresando
a por mi aliento y mi espada.



RAV


jueves, 8 de marzo de 2018

8 de marzo



Ser mujer es una lucha constante desde que vienes al mundo hasta el final. 

Es una guerra diaria, una batalla sin tregua.

Una reivindicación en cada acto, en cada palabra.

La consciencia de la realidad.

Adaptación, supervivencia, plantar cara, apretar los dientes. Y también reírse y defenderse hasta de una misma.

Ser mujer es un gran orgullo y, muchas veces y muchos días, una gran putada.

Errores que empiezan en casa, en tu zona de confort. Tu madre, tu abuela, tu suegra.

Yo, que soy más de campo que una flor, que me he criado en un pueblo pequeño, costumbrista y machista como tantos, que he crecido rodeada de barreras y alimentando rabia y preguntas en la sesera, con miedos y debilidades, frustraciones y dudas. Yo, que he errado una y mil veces el tiro y que no soy nadie para decir nada, creo que el cambio se hace día a día empezando por dentro, por una misma y por el pedacito que te ha tocado.

Tu padre, tus abuelos, tus hijos, tus hermanos…tu pareja. La igualdad es el camino, y empieza educando.

“Hay que endurecerse sin perder jamás la ternura”, decía un hombre al que siempre tengo presente. Sí, un hombre, en el Día de la Mujer, para que la rueda de la ofensa y la indignación no deje de girar.

El sendero es largo y la lucha continúa. Pero que el sentido común nos acompañe siempre.

Feliz día de la Mujer a todos, y que no sea sólo hoy.


RAV

jueves, 15 de febrero de 2018

Con el viento de cara


Así te quiero yo.
Con arrojo y osadía,
con mariposas efervescentes,
sin pensarlo y sin medida.

Sin echar cuentas,

ni mirar calendario ni reloj.
Bailando en invierno puro
cargados de maletas,
olvidando lo que nos pesa
y lo que nos pasó.

Y no entiendo del destino.

Te amo sin cuentos de hadas,
sin flores ni mermeladas.
No conozco yo ni a Eros ni a Cupido.
Estoy aquí para jugármela contigo.

Porque no sé querer de otra manera

más que amando a quemarropa.
Navegando a toda vela,
veo y subo la apuesta.

Porque estamos vivos

y tiembla la tierra
si te muerdo la boca.
Toda ira y toda furia
se anulan, moribundas,
al contacto con tu ropa.

En días de niebla gris,

o lluvia desaforada.
Bajo tormentas y nieves,
tsunamis y avalanchas.

Te escribo con prisa en las pestañas,

soñando cuentos dorados,
para que me leas en tu almohada
y hacerme un hueco a tu lado.

Así te quiero yo,

con el viento de cara.
Con los cordones desatados,
el pecho descubierto
y la sonrisa despeinada.



RAV